Cuaderno Esmeralda: Cuando una camiseta se deja de sentir – Rosaura Aranda

Hay equipos que ganan por tener mejores jugadores. Hay otros que ganan porque, antes de salir a la cancha, ya saben perfectamente quiénes son y a quiénes representan.

Hoy, el Club León atraviesa uno de esos momentos en los que el problema parece ir más allá de una victoria o derrota,, de juegos mal planeados o decisiones arbitrales. 

Sí, los malos torneos recientes preocupan. El funcionamiento también. Pero hay algo todavía más difícil de explicar: la sensación de que el equipo ha perdido parte de su identidad y sentimiento.

El fútbol siempre ha sido mucho más que once jugadores detrás de un balón. Es memoria. Es pertenencia. Es una ciudad que encuentra en un escudo una forma de reconocerse. Por eso, cuando un aficionado se pone la camiseta, no solo viste de verde: carga décadas de historia, campeonatos inolvidables, tardes en el Nou Camp, generaciones enteras que aprendieron a amar estos colores y lo transmitieron. 

Esa misma responsabilidad debería sentirse dentro del vestidor, en la cancha, en cada partido. La famosa garra esmeralda. 

No significa ganar todos los partidos. Ningún aficionado exige la perfección. Lo que sí espera es reconocer un equipo que compita, que tenga una idea clara de juego y que transmita que defender este escudo significa algo especial. 

Porque la identidad no aparece por arte de magia. Se construye todos los días. La construyen los futbolistas con su entrega, el cuerpo técnico con una propuesta que convenza y la directiva con decisiones que respeten la historia y el proyecto deportivo del club. No solamente la afición, que es la que más se esfuerza en defender el honor del equipo. 

Hoy, más que culpables, León necesita referentes. Personas que recuerden que esta institución nunca se caracterizó únicamente por levantar trofeos, sino por tener una personalidad reconocible. Un equipo valiente, intenso y capaz de hacer que la afición se sintiera representada dentro del campo. 

Quizá por eso dolió tanto el inicio con 2 derrotas en 2 partidos. No únicamente por los puntos perdidos, sino porque desde hace tiempo cuesta reconocer al equipo que durante tantos años hizo sentir orgullosa a una ciudad entera.

Todavía queda mucho torneo por delante. El fútbol siempre ofrece una oportunidad para cambiar el rumbo. Y la victoria ante Pachuca devuelve un poco de esperanza.

Pero ese cambio no empezará con una conferencia de prensa ni con un fichaje. Empezará cuando todos los que forman parte del Club León entiendan que esta camiseta no solo se usa.

Se representa. 

Porque hay escudos que se defienden por contrato. 

Y hay otros que se defienden por amor.

El de León siempre ha sido uno de estos. 

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